Romper el silencio
No sé bien qué es el amor, pero puede que levantarse del sofá con cuidado para que quien duerme sobre tus piernas no note que van a ser sustituidas por un cojín se acerque bastante a mi idea de amor.
El amor es que vengan a buscarte1. El amor no es conocer al otro, pero sí tener un deseo irrefrenable e imposible de saberlo todo del ser amado. El amor es renunciar y es acoger. El amor no son unos ronquidos, pero echarlos de menos puede ser signo de amor. El amor, cuando se cruza con la seducción, se cuela entre unas medias que una se pone pensando en el momento en el que se las quitará (o, con un poco de suerte, quitarán).
No sé qué es el amor, pero lo he visto posarse sobre unos pimientos rellenos de puerro y huevo con bechamel. Y en un vaso de vino caliente especiado en una ciudad vieja (pero nueva para mí). El amor es querer creer que dentro de diez, veinte, cincuenta años, volverás a este instante, a esta persona, a este día, a este olor. El amor y la Navidad no son lo mismo, pero es posible sentir amor en estas fechas, aunque exista el amor sin Navidad o las Navidades con amor fingido, que es casi peor.
El amor es regalar pensando más en el otro que en uno mismo. El amor es que te animen a escribir, a correr, a viajar. El amor es que les de igual si se te da bien o mal. El amor es querer descubrir qué piensa el otro, pero sin desearlo del todo. O deseándolo, pero sabiendo que quizás eso haría que el encanto se esfumara. Porque la incertidumbre en el amor, no saber si va a volver o no, forma parte del mejor juego de la historia, ese que tratamos de escribir y comprender, pero que se nos escapa de las manos en el intento. Y tú, ¿ante el silencio de la persona amada, qué sientes?
Esta frase está tomada de la columna “Que vengan a buscarte” de Laura Ferrero (3 marzo 2025, El Pais).



Te estábamos esperando ❤️
Siento miedo de que se sea la última vez.